La Guardia Nacional del Mar atraviesa un momento crítico: deberá abandonar la sede que ocupa desde hace 30 años y no cuenta con recursos para alquilar un nuevo espacio. Ante este escenario, la institución solicitó asistencia a la Municipalidad de General Pueyrredon para poder continuar con sus actividades.
El director de la agrupación, Alejandro Magrini, explicó que la Asociación Amigos de la Guardia del Mar mantiene convenios con el Municipio desde 1996, a partir de los cuales comenzaron a alquilar un inmueble que fue reacondicionado y adaptado para funcionar como sede. Sin embargo, indicó que en cada renovación las condiciones se volvieron más desfavorables.
“Tenemos que entregar el lugar en el que estamos hace 30 años. Cada vez que se renovó el convenio, las condiciones fueron peores”, señaló. Además, recordó que durante la gestión del exintendente Carlos Arroyo se produjo una reducción drástica de los aportes, lo que dejó a la institución “prácticamente desfinanciada”.
Actualmente, no existe ningún convenio vigente y la situación económica se agravó al punto de obligarlos a dejar el inmueble. Según detalló Magrini, la organización no dispone de fondos para acondicionar un nuevo espacio desde cero ni para afrontar un alquiler con los montos que perciben, que calificó como “exiguos” para sostener el funcionamiento integral del grupo.
En ese contexto, acudieron al Ente Municipal de Turismo y Cultura (Emturyc), donde fueron recibidos y se analizan posibles alternativas. La entidad solicita “alguna solución o la posibilidad de contar con un lugar que funcione como sede”, con el objetivo de garantizar su continuidad.
La discusión también gira en torno a la naturaleza de la institución. Magrini aclaró que la Guardia del Mar no es un organismo municipal, sino que está administrada por la Asociación Amigos de la Guardia del Mar, que firmó un convenio de contraprestación con el Estado local, con derechos y obligaciones para ambas partes.
El director subrayó que, en sus 56 años de historia, la agrupación fue representada por cientos de jóvenes marplatenses que participaron ad honorem y llevaron el nombre de la ciudad a distintos ámbitos. Frente a la falta de respuestas concretas, expresó que percibe “cierta falta de empatía” hacia una institución que, según sostuvo, brinda un beneficio muy superior al costo que implica su sostenimiento.