Un docente que daba clases en escuelas del barrio porteño de Villa Devoto fue condenado hoy a 20 años de prisión por abuso sexual con acceso carnal agravado, grooming, tenencia de material de abuso sexual infantil y suministro de material pornográfico a un menor de edad.
El caso se inició en mayo de 2020 -en pleno aislamiento social y preventivo por la pandemia Covid19- cuando la madre de un niño de 12 años que era alumno del imputado descubrió en el celular de su hijo mensajes de índole sexual que el hombre le mandaba, así como fotos de sus genitales, que fueron aportadas como pruebas a la causa. Inmediatamente luego de esa denuncia, la fiscal Daniela Dupuy solicitó una orden de allanamiento y la detención del docente, quien fue sorprendido en la cama junto a un exalumno de 14 años, por personal del Cuerpo de Investigaciones Judiciales (CIJ) del Ministerio Público Fiscal y la Policía de la Ciudad, por lo que la fiscal, luego de una investigación, lo imputó por abuso sexual con acceso carnal agravado, y pidió su prisión preventiva.
Lo expuesto tomó estado público y permitió individualizar a 21 personas -menores de edad al momento de los hechos- que habían sufrido ataques a su integridad sexual por parte del imputado. Si bien el juicio se ciñó a hechos vinculados a 8 víctimas menores de edad, lo cierto es que producto de la investigación se lograron individualizar muchas más, algunas contemporáneas al momento de la detención y otras que se correspondían a sucesos que tuvieron lugar durante los años ´90.
Respecto de estos últimos el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad declaró su prescripción, sin embargo, en virtud a su derecho a ser oídos, como así también el llamado "juicio a la verdad", sus declaraciones fueron admitidas durante el debate. En el transcurso de la investigación, las víctimas menores declararon bajo la modalidad de cámara gesell, y también lo hicieron padres, docentes y directivos escolares, médicos, psicólogos y psiquiatras.
En su actividad como docente, siempre tuvo a cargo la enseñanza de alumnos de 6to y 7mo grado. Así, la totalidad de sus víctimas fueron adolescentes varones de entre 12 y 15 años sobre quienes ejerció distintos delitos que afectaron su integridad sexual. A su vez, a lo largo de los años, el imputado ha ido adaptando su accionar de acuerdo al avance de las tecnologías.
Según sostuvo la Fiscalía porteña, el modus operandi consistía en escoger a sus víctimas entre los alumnos que tenía a su cargo, siendo el grado de vulnerabilidad emocional de cada uno de ellos uno de los principales denominadores. Finalizada la escolaridad primaria, el imputado estrechaba su relación con los menores, manteniendo una fluida relación por medios de mensajería instantánea como Facebook, Whatsapp y llamados telefónicos, al tiempo que los invitaba a su domicilio, donde los proveía de bebidas alcohólicas y estupefacientes, libre acceso a material de índole sexual y donde los incitaba a realizar actividades sexuales frente a él.