Tras una fuerte lucha contra una grave enfermedad, falleció a los 74 años el también ex diputado y senador provincial, Ramón Saadi. En 1990 todo su entorno quedó marcado por el asesinato de la joven estudiante, Maria Soledad, en mano de hijos del poder. La provincia pasó por una intervención federal por la relevancia del caso en los medios y el ámbito político. Los restos del dirigente justicialista serán velados hoy, de 13 a 22, en la Casa de Gobierno provincial mientras que el sepelio será este jueves a partir de las 9 de la mañana. Estuvo al frente de Catamarca durante dos períodos, entre 1983 y 1987, y entre 1988 y 1991, aunque su último año de gobierno atravesó una intervención federal. El año anterior la finalización de su último mandato, 1990, estuvo marcado por el femicidio de María Soledad Morales, lo que marcó fuertemente a la sociedad y dio fin a la era del saadismo en la provincia. El crimen que dejó una marca imborrable en su gobierno: En la noche del viernes 7 de septiembre de 1990, María Soledad Morales se despidió de sus padres para ir a una fiesta de egresados en la discoteca Le Feu Rouge, como forma de recaudar fondos para su viaje de egresados. Sus padres ya le habían dado permiso para que, una vez terminada la fiesta, se fuera a dormir a lo de una compañera de colegio y regresará a su casa al otro día por la tarde. Esto jamás sucedió y durante todo el fin de semana no supieron nada sobre ella. El lunes 10 cerca de las 9:30 de la mañana, al costado de la Ruta 38, en una zona conocida como Parque Daza, una cuadrilla de trabajadores de Vialidad Nacional dio con el cadáver de una joven desconocida. La identidad del mismo, el cuál fue identificado como el cuerpo de Maria Soledad, fue descubierta por una pequeña cicatriz que tenía en una de sus muñecas. El cuerpo estaba golpeado, con quemaduras de cigarrillo, y el rostro desfigurado con la mandíbula fracturada. Además le faltaban parte del cuero cabelludo, las orejas y uno de los ojos. La causa de muerte fue por una dosis letal de cocaína que le habían obligado a consumir sus violadores y asesinos. Los involucrados en crímen, eran cercanos a la administración de Saadi y parte de las autoridades policiales de la provincia. Los sospechosos eran Luis Tula (su novio en aquel entonces), Guillermo Luque (hijo del diputado nacional Ángel Luque), Pablo y Diego Jalil (sobrinos del intendente José Jalil), Miguel Ángel Ferreyra (hijo del jefe de la policía local) y Arnoldo “Arnoldito” Saadi (primo del gobernador) quien era propietario de la camioneta en donde se subió María Soledad y fue vista por última vez con vida. A los últimos cuatro implicados se los dio a conocer como "hijos del poder" lo que derivó en una investigación sumamente lenta, por entonces, del presunto homicidio. Entre las huellas borradas, un cadáver manipulado y lavado, entre otros aspectos, fue lo que entorpeció la investigación para encubrir a los culpables. Incluso Guillermo Luque logró escapar pero fue recapturado en 1991. Es así que los padres de María Soledad junto a la monja Martha Pelloni, dieron pie a las marchas del silencio lo que convocó a 30 mil personas que buscaban el esclarecimiento del caso. Esto generó una gran repercusión mediática y política del hecho, lo que dejó al gobierno de Saadi contra las cuerdas. La recusación de jueces junto a la intervención federal impulsada por Menem fue ejecutada por el polémico comisario Luis Patti, quien en 2011 fue condenado a prisión perpetua por crímenes durante la dictadura militar.